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Hacer una maleta siempre parece una cosa simple… hasta que te toca de verdad. Uno cree que es doblar ropa, meter dos o tres cosas “por si acaso” y cerrar el cierre con fuerza. Pero no. La maleta, cuando es para irte, pesa distinto. Pesa en la espalda y también en el pecho.
En las últimas horas, la actriz cubana Raiza D’Beche compartió un video en su perfil de Instagram donde se le ve justo en ese momento íntimo y medio silencioso: el antes. El rato en que todavía estás en tu casa, pero ya la cabeza está en otro lado. Y ahí, entre ropa, objetos, recuerdos y esa especie de caos doméstico que se arma cuando uno se prepara para salir, Raiza soltó unas palabras que han tocado a mucha gente.
“Hacer la maleta no es fácil, caballero. Faltan muchos pequeños pedazos que deberían caber y estar ahí dentro. Hago la maleta solo por un ratico, y en ese ratico dejo lo más valioso que tengo”, dice. Y es difícil no imaginar la escena: la maleta abierta como una boca enorme, tragándose cosas, mientras otras se quedan fuera… no porque no quepan, sino porque no se pueden empacar.
En el mismo video, Raiza agradece. Y no agradece “en modo frase bonita”. Agradece como agradece uno cuando ha tenido que apretar los dientes y seguir. “Doy gracias por cada obstáculo, por cada no, por cada pelea librada con el corazón y los ovarios bien puestos. Doy gracias por todo lo que me hace crecer y ser la mambisa de mis tiempos en el lugar donde me planto”.
Esa palabra —mambisa— no la suelta cualquiera así porque sí. Tiene filo, tiene historia, tiene carácter. Y en su boca suena a declaración personal, como quien dice: “yo soy de aquí, pero también soy de mí”. Luego remata con una imagen preciosa, de esas que se te quedan dando vueltas: “Hago la maleta para abrazar otros cuerpos que como el mío también son cuerpos de islas. Y también, ¿por qué no? Para ver si de verdad desde más lejos se ve más bonito”.
Por ahora, no se sabe a qué país se ha dirigido. No hay detalles, no hay anuncio oficial con banderitas ni “nuevo comienzo” con coordenadas. Solo está el gesto: la maleta, el video, el texto. Y esa sensación de que estamos viendo una despedida sin espectáculo, pero con mucha verdad.
Raiza D’Beche no es un nombre cualquiera dentro del panorama joven de la actuación en Cuba. Es actriz de cine, teatro y televisión, y tiene una formación sólida: egresada de la Escuela Nacional de Arte (ENA) y también del Instituto Superior de Arte (ISA). O sea, viene de escuela, de rigor, de horas de ensayo, de “otra vez desde el principio” hasta que salga.
Mucha gente la ubicó —y la quiso— por su personaje de Iris en la telenovela cubana Renacer. Ese papel la volvió popular y le trajo un reconocimiento que se notó especialmente en redes: comentarios, clips compartidos, gente repitiendo escenas, frases, gestos. Ya tú sabes cómo es eso: un día estás trabajando y al otro te paran para decirte “¡tú eres la de…!” en la cola, en la guagua, en cualquier esquina.
Antes de Renacer también participó en Latidos compartidos, y en el cine se le ha visto en títulos como Club de Jazz y Antes que llegue el ferry. Ha sido, además, una actriz muy conectada con el teatro —que es donde se curte el oficio de verdad, donde no hay “corte” ni segunda toma— y ha trabajado con grupos como Teatro Pálpito, Estudio Teatral Vivarta, Ludi Teatro y Jazz Vilá Projects.
Y hay otro detalle que habla mucho de ella: Raiza también ha trabajado como profesora de actuación y como coach actoral. Eso no es poca cosa. Enseñar actuación es, en el fondo, acompañar a otros a encontrarse, a perder el miedo, a decir una verdad frente a alguien. Y para eso hay que tener paciencia, sensibilidad… y una fuerza tranquila.
Por eso este video no se siente como “una noticia más”. Se siente como un pedacito de vida compartido. Como cuando un amigo te dice: “me voy”, y tú no sabes si preguntar demasiado o solo darle un abrazo y quedarte un rato en silencio.
Raiza se va, sí. Pero lo que deja dicho —lo que deja sentir— se queda aquí, flotando. En la pantalla, en los comentarios, en la cabeza de quien lo vio y pensó: “yo también he hecho esa maleta”. O “yo también la haría”. O “yo todavía no puedo”.
Y mientras tanto, ella sigue caminando con su maleta… buscando ese lugar donde plantarse de nuevo. Donde, desde más lejos, tal vez —solo tal vez— se vea más bonito.
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