El día que en La Habana llovieron animales: sí, ocurrió y Rubiera te lo cuenta (aquí detalles)

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A cualquiera le suena a cuento: sales a la calle, empieza a llover… y junto con el agua caen peces, ranas, caracoles. Uno lo oye y piensa en milagros, en exageraciones, en “eso no puede ser”. Pero hace unas semanas, José Rubiera —querido por generaciones de cubanos por su manera clara de explicar el tiempo— arrancó el episodio 1 de su podcast Más allá del tiempo con una idea que te pone a mirar el cielo distinto: aunque parezca mito, la ciencia sí tiene una explicación meteorológica para estas “lluvias de animales”.

Rubiera lo dice sin misterio barato, como quien te habla en la sala: la atmósfera, cuando se pone creativa, puede levantar vida del agua y soltarla más allá. Y no, no es magia. Es viento, presión, inestabilidad… y un par de fenómenos que, cuando coinciden, hacen que lo imposible parezca cotidiano.

La primera clave está en las trombas marinas. Rubiera las describe como sistemas de vientos rotatorios, parecidos a “ciclones en miniatura”, que se forman sobre el mar, bahías o lagos cuando hay inestabilidad en la atmósfera. En el centro de esa circulación hay presión extremadamente baja, y eso se traduce en algo muy simple de imaginar: una succión, como una pajilla.

Esa “pajilla” no solo levanta agua. También puede arrastrar cosas ligeras: pequeños moluscos, caracoles, crustáceos, peces pequeños. Y aquí viene el detalle que explica por qué a veces el fenómeno se reporta como “lluvia”: la tromba suele durar poco, generalmente entre 5 y 10 minutos. Cuando esa circulación entra en contacto con tierra firme, se debilita, se rompe… y lo que venía suspendido arriba cae.

No es que el cielo “fabrique” animales. Es que el viento los tomó prestados por un rato.

La Habana Vieja, 1979: cuando llovió algo más que agua

Rubiera recuerda un evento que, para quien lo vivió o lo escuchó de cerca, debió quedarse grabado. El 27 de abril de 1979, en La Habana Vieja, el cielo se puso feo bajo la influencia de un frente frío y una actividad severa prefrontal. Ya eso, en Cuba, es sinónimo de “agárrate”. Se oscureció, comenzó a llover… y entonces pasó lo raro: junto con la lluvia empezaron a caer pequeños moluscos, caracoles y peces pequeños.

La explicación, según Rubiera, está en la geografía y el momento: La Habana Vieja está pegada al mar y a la bahía, y esas condiciones asociadas al frente frío permitieron la formación de una pequeña tromba. La tromba succionó agua y animalitos livianos, y al disiparse al tocar tierra firme, soltó su “carga”. Lo mismo —dice— se ha observado en otros eventos similares alrededor del mundo.

Y ahí es cuando uno entiende por qué estas historias aparecen, desaparecen y vuelven: porque no pasa todos los días, pero puede pasar.

Tornados: la versión grande (y peligrosa) de la succión

Ahora, si la tromba es el “ciclón en miniatura”, el tornado es el hermano mayor con fuerza de sobra. Rubiera marca la diferencia sin complicarlo: ambos son vientos rotatorios con presión muy baja en el centro, sí, pero el tornado es mucho más grande, poderoso y destructivo.

Esa presión tan baja puede hacer cosas que suenan a película: Rubiera menciona que puede hacer estallar objetos cerrados, y también levantar no solo cosas livianas, sino animales grandes como vacas o caballos, e incluso seres humanos. Y ahí el tono cambia, porque ya no estamos hablando de caracolitos cayendo en una calle habanera, sino de eventos que suelen terminar mal por el impacto al caer.

Aun así, Rubiera también se detiene en algo que te deja con la boca abierta: se han documentado casos excepcionales de personas y animales que sobrevivieron tras ser arrastrados por tornados. ¿Cómo? A veces por una combinación rarísima de factores.

Él explica que la pérdida de conciencia puede jugar un papel (porque el cuerpo se relaja y se lesiona menos), que ciertas corrientes descendentes pueden actuar como una especie de “paracaídas”, y que aterrizar en superficies blandas —lodo, césped— puede marcar la diferencia. Suena increíble, pero es de esas cosas que la meteorología te recuerda: el azar existe, y la física también.

Un podcast para aprender sin que te duela la cabeza

Rubiera presenta Más allá del tiempo como un espacio para hablar de Ciencias de la Tierra y del Espacio —meteorología, astronomía, fenómenos curiosos— pero con una promesa que se agradece: lenguaje conversacional, sencillo, entendible para cualquiera que no sea especialista.

Y en ese primer episodio, con la “lluvia de animales” como gancho, logra justo eso: que un tema que parece leyenda se vuelva conversación de sala. Te quedas pensando en la próxima nube oscura que veas sobre el mar… y en todo lo que puede estar pasando ahí arriba, sin que uno se entere.

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