
Seguramente esto te ha pasado varias veces: estás viendo la novela, te acomodas en el asiento y, de pronto, aparece un rostro que te hace fruncir el ceño como diciendo: “¿y esta actriz de dónde salió?”. No es que uno sea desconfiado… es que la memoria televisiva en Cuba es caprichosa. Pues bien, a más de un televidente le ha ocurrido eso con Cary Vera, que interpreta a Hortensia en Entre aguas. Y la realidad es que “nueva” no es. Lo que pasa es que no ha sido de esas caras que están todo el tiempo en pantalla, y por eso su regreso se siente como una sorpresa.
Según cuenta el Portal de la TV Cubana, Cary trae detrás una ruta bien seria por la programación infantil y por varias dramatizaciones, tanto en cine como en televisión. De hecho, su paso por series como Tras la huella, Había una vez, Tato y Carmina y El camino de los juglares, además de filmes como La edad de la peseta, Omerta, Leontina y Una noche con los Rolling Stones, le fue dando “oído” y “ojo” para entender el lenguaje audiovisual. O sea, no llegó ayer.
Pero si hay una imagen que se te queda pegada de su entrevista, es la de Cary hablando de títeres. Porque en El camino de los juglares ella encarnó a la jicotea Florencia, y lo recuerda como una etapa especial: “Realmente fue una época maravillosa para mí. Trabajar con títeres es muy difícil”, dice. Y ahí mismo suelta una frase que parece simple, pero tiene algo de poética: “Cada uno de ellos tiene un misterio”.
Uno piensa que lo de los títeres es “mover el muñeco y ya”, pero no. Cary lo explica con una precisión que casi te obliga a imaginarte la escena como si estuvieras en el set. En su caso, para que Florencia “viviera”, ella hacía malabares: “yo manipulaba la cabeza con la mano derecha; con la izquierda, los ojos; con el pie derecho, un pedal que iluminaba el caparazón, mientras la actriz Ana Rojas manipulaba las patas”. ¿Te lo imaginas? Manos, ojos, pedal, caparazón… y encima actuar. Eso es coordinación, paciencia y, como ella misma dice, técnica.
También insiste en algo que a veces se subestima: la voz. En el mundo de los títeres, la voz es medio personaje. “Cada títere tiene su personalidad y la voz juega un papel muy importante”, explica, porque un mismo actor puede pasar de ser un animal a un niño, un viejo o “algo abstracto”. Y remata con una defensa bonita de ese oficio: “No se puede subestimar este trabajo. Requiere mucho amor y respeto”.
Con ese background, uno podría pensar que una telenovela sería “otra cosa más”. Pero no: para Cary, Entre aguas fue un salto grande. Ella misma lo confiesa sin maquillaje: “El reto fue muy grande porque nunca había actuado en una telenovela”. Y cuando describe el ritmo, te da hasta un poco de vértigo: “Hacer doce y quince escenas diarias fue una locura”. Locura es la palabra exacta.
Lo interesante es que, en medio de esa locura, lo que más resalta es el ambiente humano. Cary dice que tuvo “la suerte divina de encontrarme con un elenco excelente, por su condición profesional y humana”, y menciona apoyos concretos: “me apoyaron mucho… entre ellos, Daisy Quintana y Fernando Hechavarría”. Ese tipo de detalle, dicho así, sin pose, suena a gratitud real, de la que se siente en el cuerpo cuando estás aprendiendo algo nuevo y no te dejan solo.
Y, aun así, el rodaje no fue precisamente suave. Cuenta que lo más duro fue grabar “con el efecto de las secuelas del chikungunya. Fue terrible”. No entra en drama, pero la frase pesa. Porque una cosa es estar cansado por el ritmo de grabación… y otra es cargar con una secuela física mientras intentas sostener un personaje, repetir escenas, mantener energía, no fallar marcas. Ufff.
¿Y quién es Hortensia, la mujer que Cary trae ahora a la pantalla? Según ella, es “un personaje agradecido”, pero también “una mujer de carácter fuerte”, porque le ha tocado enfrentarse a situaciones difíciles. “Lucha por su familia sin importar las consecuencias”, dice, y remata con una intuición que seguramente conectará con muchas casas: “Creo que muchas mujeres de su edad se van a sentir identificadas”.
De acuerdo con la referida entrevista, la historia de Cary con el arte, además, no empezó por la actuación. Ella quería ser bailarina. Fue su hermano, el actor y director Pedro Ángel Vera, quien vio en ella cualidades histriónicas y la empujó hacia ese camino. Luego se formó en agrupaciones teatrales como Anaquillé y Teatro del Círculo, donde también fue asistente de dirección e incursionó en la dirección artística. O sea, no solo se paró frente a la cámara: también aprendió lo que pasa detrás.
Ahora Cary se reencuentra con la pantalla en Entre aguas con una interpretación que el Portal describe como “sincera y emotiva”, y que promete crecer en los próximos capítulos. Y a uno, como espectador, le queda esa curiosidad rica: ver cómo se abre paso una actriz que no estuvo “todo el tiempo ahí”, pero que trae oficio, historias y una calma rara… de las que se notan cuando alguien, por fin, llega al lugar que llevaba años imaginando.
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