La famosa bebida cubana que nació entre piratas y una ley la convirtió en fenómeno mundial

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Todos conocen el mojito. Fresco, mentolado, con ese golpecito de lima que te despierta la cara. Pero detrás del vaso sudado y la ramita de hierbabuena hay un cuento que mezcla piratas, enfermedades, La Habana y hasta una ley que, sin querer, lo empujó a la fama.

El escritor Iván Fernández Amil lo contó en un hilo en la red social X con un gancho buenísimo: una de las bebidas más ricas del planeta existe gracias a uno de los grandes enemigos de España. Se refiere al corsario británico Francis Drake, figura temida en el Caribe del siglo XVI. Según esa versión, durante una de sus incursiones, la tripulación de Drake cayó enferma de escorbuto, un problema serio provocado por la falta de vitamina C. Y ahí entra Cuba en escena.

La leyenda dice que Drake paró en la isla buscando fruta fresca para sus marineros, pero que algunos habitantes le recomendaron algo más práctico: una mezcla local con tafia (un aguardiente de caña, precursor del ron), lima, jugo de caña de azúcar y menta. Un remedio, básicamente. Fernández Amil asegura que funcionó y que el trago fue bautizado como “Draque”, en honor al capitán. O sea: el tipo venía a hacer daño… y terminó dejando un cóctel.

Ahora, si nos vamos a otra fuente, la web Difford’s Guide pone las cosas en su sitio: admite que los orígenes exactos del mojito y hasta de su nombre se pierden en el tiempo, pero sí recoge esa teoría que lo remonta a 1586 y a una bebida medicinal nombrada por Drake. Y añade contexto histórico: Drake no era un pirata cualquiera, era parte de un grupo de corsarios patrocinados por la reina Isabel I de Inglaterra para saquear ciudades españolas en el Nuevo Mundo y llevarse sus riquezas.

Según Difford’s, en 1586 Drake ancló frente a la costa cubana con un cargamento de tesoros españoles valorado en el doble del ingreso anual de la reina… pero quería más. El rey Felipe II había advertido al gobernador de Cuba de su llegada y de su intención de llevarse el oro guardado en la tesorería real. La Habana se preparó. Y, sin embargo, ocurrió algo rarísimo: tras varios días, Drake se fue del puerto más rico del Caribe después de disparar solo unos pocos tiros, dejando la ciudad y su oro intactos. Ese episodio, dice la guía, fue tan sonado que pudo haber sido motivo suficiente para bautizar una bebida con su nombre.

Ahí aparece el famoso Draque, descrito como una mezcla de aguardiente de caña (un destilado rústico, antecesor del ron), azúcar, lima y menta. Ojo: Difford’s también recoge otra versión interesante, menos romántica y más “de barco”: hay quien dice que el Draque no nació en Cuba, sino a bordo del barco de Drake, donde llevaban menta y la mezclaban con alcohol de caña, azúcar y lima para aliviar fiebres y resfriados. Sea como sea, lo que sí parece claro es que en Cuba se bebía por sus supuestas cualidades medicinales.

Y aquí viene un detalle que suena a diario personal de otra época. Difford’s cita que, en 1833, durante una de las peores epidemias de cólera en La Habana, el autor Ramón de Paula escribió: “Cada día a las once en punto consumo un poco de Drake hecho con aguardiente, y me va muy bien”. Imagínate la escena: la ciudad con miedo, la enfermedad rondando, y alguien agarrándose a ese traguito como quien se agarra a un amuleto.

Con el tiempo, el trago fue cambiando. Fernández Amil cuenta que, cuando en Cuba empezó a producirse un ron añejo de gran calidad, ese ron fue sustituyendo a la tafia. Difford’s lo ubica más o menos en la mitad del siglo XIX: cuando Don Facundo Bacardí Massó funda la compañía Bacardí, la receta original del Draque se transforma. Y según el escritor Frederick Villoch (citado por Difford’s), “cuando el aguardiente fue reemplazado por ron, el Drake pasó a llamarse Mojito”. Incluso se sugiere que Bacardí pudo haber estado detrás de ese cambio y que la marca lo promovió en su publicidad temprana.

¿Y el nombre “mojito”? En el hilo de X se propone una explicación muy cubana: vendría de “mojo”, un aliño, y sería como una forma de “borrar” el mal sabor que dejó el pirata en las islas españolas del Caribe. Suena a revancha simbólica: lo que empezó como “Draque”, termina rebautizado y domesticado por la cultura local.

La fama internacional, eso sí, tiene otro empujón. Fernández Amil lo conecta con la Ley Seca en Estados Unidos (1920–1933): durante la prohibición, muchos ricos, artistas e intelectuales se iban a Cuba buscando alcohol y fiesta, y ahí se encontraban con el mojito en bares habaneros.

Y claro, cuando se habla de mojito, siempre aparece el mismo nombre como si fuera un sello: La Bodeguita del Medio. Difford’s dice que existe un mito urbano que le atribuye haber hecho el primer mojito.

Lo que sí hay, y esto es oro para los curiosos, son recetas impresas. Difford’s señala que la primera receta conocida aparece en 1927 bajo el nombre “Mojo Criollo” en el libro El Arte De Hacer un Cocktail y Algo Más, publicado en Cuba. Y luego vuelve a aparecer como “Mojo de Ron” en 1929 en un libro de Juan A. Lasa, con recetas en español y su versión en inglés.

Así que, la próxima vez que veas un mojito llegar a la mesa con hielo picado y menta fresca, piensa en todo lo que trae encima: un episodio raro de Drake frente a La Habana, un trago medicinal que se bebía, un cambio de aguardiente a ron, una prohibición en Estados Unidos que empujó a medio mundo hacia Cuba… y un montón de historias no comprobadas que todavía se cuelan en la conversación.

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