Su familia salió de Cuba y ahora él es uno de los mejores pitchers de Grandes Ligas en 2026

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Nick Martínez en la campaña de 2026 con los Rays. Foto tomada de Toronto Star.

A Nick Martinez uno lo ve hoy con el uniforme de los Tampa Bay Rays y piensa: “ok, este tipo es ahora mismo un as”. Y sí… pero el camino no fue recto, ni cómodo, ni de esos que se cuentan en dos líneas. Lo de él ha sido más bien una ruta con curvas, cambios de rol, mudanzas de liga, y una familia detrás que explica mucho de su manera de pararse sobre el montículo.

Porque a Martinez, como ha dicho en reiteradas ocasiones, lo define su ascendencia cubana. Su mamá nació en Pinar del Río. Y su papá, aunque nació en Florida, es hijo de emigrantes cubanos: sus abuelos Raúl y Tanya Martínez salieron de La Habana en 1961, llegaron a Estados Unidos con nada y, poco después, nació el padre de Nick. Eso lo cuenta la web Fordham Sports, y ayuda a entender por qué, aunque Nick creció en Miami, su conexión con la cubanía no es un detalle decorativo: es parte del ADN.

“Somos una familia cubana, 100% cubana”

En una entrevista con el San Diego Union-Tribune, Martínez lo dijo con una mezcla de orgullo y emoción que se siente hasta en el texto. Explicó que su familia viene de Cuba por ambos lados: sus abuelos nacieron allá, su mamá nació allá, y por el lado paterno también. Su papá fue el primero nacido en Estados Unidos, pero el resto de la historia la cultura, el acento de la casa, la manera de educar, el sacrificio venía con sello cubano.

“Somos una familia cubana, 100% cubana”, afirmó. Y cuando le preguntaron por qué le resultaba tan emocional hablar de uno de sus mayores logros, lo aterrizó en algo bien simple: su familia llegó sin nada, trabajó duro, se levantó a base de varios empleos, y en esa misma vida su abuelo pudo ver a su nieto representar al país que les abrió la puerta.

Martínez contó que vivió “una vida privilegiada por mis padres y mis abuelos”, reconociendo que ese “privilegio” no cayó del cielo: se fabricó con sudor.

El logro que lo pone a temblar (y casi a llorar)

Hay peloteros que te dicen “mi debut en MLB” o “mi primer ponche” como su momento más grande. En el caso de Nick, cuando le preguntaron por su lista de logros, no dudó: la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (celebrados en 2021) es el número uno.

“Eso está ahí arriba, hermano. Ese es el No. 1, el primer lugar”, respondió. Y explicó algo interesante: cuando te seleccionan en el draft, tú sientes que, si trabajas duro, tarde o temprano te llega la oportunidad. Pero los Olímpicos, según él, van más allá del béisbol: también cuentan el carácter, cómo encajas con el grupo, si estás listo de verdad.

Cuando le preguntaron por el momento más alto, se le quebró la voz. “Me vas a hacer llorar… solo que me escogieran. Recuerdo la llamada, y la llamada a mis padres…”, dijo, y ahí se entiende todo. No era solo “jugar un torneo”. Era el símbolo.

En Tokio, Martínez lideró a su elenco en innings lanzados (11) y también en ponches (16), el doble del siguiente pitcher. En un juego ante Corea, después de permitir dos sencillos seguidos y una carrera, retiró a 13 de los siguientes 14 bateadores, incluyendo un tercer inning donde ponchó a los tres. También abrió contra Japón en el juego por el oro y tuvo una salida sólida: 6 innings, 7 ponches, 5 hits y 1 carrera, pero ello no fue suficiente para adjudicarse la presea dorada. Dos años más tarde volvió a lucir la franela de su nación en el Clásico Mundial de 2023.

Un pitcher que empezó… como segunda base

La historia de Nick en el béisbol profesional tiene un detalle que mucha gente no sabe: en la universidad, durante buena parte de su etapa en Fordham, él era más infielder que lanzador.

Según su perfil en BR Bullpen, llegó a producir, durante un tiempo, línea ofensiva (AVE/OBP/SLG) de .281/.357/.360 y, cuando lanzó, le fue mal. En 2010 mejoró con el bate (.305/.370/.385), anotó 39 carreras en 55 juegos y ni siquiera picheó. Luego volvió al montículo y lo hizo bien: 2.75 de efectividad, con 3 salvados.

Aun así, en 2011 los Texas Rangers lo seleccionaron en la ronda 18 del draft, salido de Fordham. Y aunque Nick había pasado gran parte de su carrera universitaria como jugador de cuadro, Texas lo usó como pitcher desde el inicio. En su primer año en las granjas de los texanos, entre AZL Rangers y Spokane Indians, tuvo 3-3, 2.30 de ERA y 56 ponches en 58 2/3 innings.

En 2013 dio un salto fuerte: entre Myrtle Beach y Frisco (AA) terminó con 12-7, 2.50, con 128 ponches en 151.1 innings, y limitó a los zurdos a batearle .195. Ya para 2014, considerado uno de los mejores prospectos de pitcheo de la organización, fue al spring training y sorprendió a todos: entró en el roster para el Día Inaugural.

Debutó en MLB el 5 de abril de 2014, curiosamente contra los Tampa Bay Rays. Permitió 3 carreras en 6 innings y se fue sin decisión. Ese día se convirtió en el primer egresado de Fordham en llegar a Grandes Ligas desde 2001.

Después vinieron años de subidas y bajadas con Texas, y un tramo donde no lanzó en MLB entre 2018 y 2021. En ese período se fue a Japón: estuvo con Nippon Ham Fighters y, más tarde, con Fukuoka SoftBank Hawks. En 2021, con los Hawks, tuvo 9-4 y 1.60 de efectividad, un rendimiento que le abrió la puerta de regreso a la Gran Carpa.

Volvió a MLB en 2022 con los San Diego Padres, alternando entre el bullpen y la rotación de abridores, y hasta lanzó por primera vez en postemporada. En 2024 firmó con los Cincinnati Reds y tuvo un año grande: 10-7, 3.10, con récords personales en innings (142.1) y ponches (116). En septiembre estuvo intratable: 4-1, 0.83, y se llevó el premio de Pitcher del Mes de la Liga Nacional.

Y en 2025 estuvo a nada de una noche histórica: llevó un no hitter hasta el noveno inning contra San Diego, retirando 22 bateadores seguidos después de un boleto en el primer episodio.

2026: números de élite con Tampa Bay

Lo más llamativo es que, en la temporada 2026, Martínez no está “bien”. Está entre los mejores. Ahora mismo es séptimo de toda la MLB en WAR para pitchers (una estadística que mide el aporte integral de un lanzador) y cuarto en promedio de carreras limpias, con 1.70.

Además, suma 4 victorias y 1 derrota, 31 ponches y 10 boletos en 47.2 innings, con un WHIP de 1.049. En buen cubano: está controlando, evitando tráfico en bases y sacando outs con consistencia, a pesar de que le colocan bastante la pelota en juego.

Y quizá por eso su historia engancha: porque no es la del “niño prodigio” al que todo le salió perfecto. Es la del tipo que se reinventó, que lo convirtieron en pitcher, que se fue a Japón cuando no le salían las cosas en la MLB, que volvió, que se ganó un lugar, y que todavía se emociona cuando recuerda la llamada que le cambió la vida… y la voz de sus padres al otro lado del teléfono.

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