Al fin: Se estrena hoy en La Habana esperada película cubana que estuvo meses detenida

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Después de una espera larga, demasiado larga, Estrés por fin tiene fecha de estreno. Según publicó en Instagram su realizadora, Marilyn Solaya, la presentación especial será este viernes 27 de marzo, a las 5:00 de la tarde, en el cine Chaplin del Vedado. No parece un estreno cualquiera, sino uno de esos momentos que llegan después de mucho empuje, mucha paciencia y, seguramente, bastante desgaste. Además, al tratarse de una función especial, todo indica que la entrada será limitada.

La película arrastra detrás una historia complicada. En septiembre de 2025, la propia Solaya contó en redes que Estrés fue el único largometraje producido por el ICAIC en 2023, justo en medio de una crisis fuerte dentro del cine cubano, marcada por tensiones, censura, mal manejo institucional y el reclamo de muchos cineastas por una Ley de Cine. En ese contexto se aprobó el proyecto y luego vino el rodaje, entre noviembre y diciembre de 2023. Después tuvo lugar una postproducción atravesada por reestructuraciones, falta de recursos técnicos y humanos, y una sensación bastante amarga: la de una película que, según su directora, quedó “huérfana”, en tierra de nadie.

Solaya fue muy clara al hablar de ese proceso. Dijo que comenzó la postproducción el 16 de enero de 2024 y que, aunque desde marzo de 2025 la cinta estaba terminada, faltaba la mezcla de sonido profesional fuera de Cuba, un paso técnico clave para su inserción en circuitos internacionales. También denunció la falta de explicaciones coherentes sobre la demora. En sus palabras, le dijeron de todo: que no había presupuesto, que había que esperar, que la situación del país era compleja, que se centrara en otra cosa, incluso que hiciera la mezcla por Internet.

“Creo que lo más coherente sería terminar la película como se pactó y se estrene de una vez”, escribió entonces. Y sí, leyendo eso, uno casi puede imaginar el cansancio. No el cansancio bonito del trabajo terminado, sino el otro… el que viene de empujar una puerta que no acaba de abrir.

Por suerte, algo se movió. En febrero de este 2026, Prensa Latina informó que ya había concluido el proceso de postproducción del filme. La agencia citó a Solaya diciendo que se trata de “una película responsable, honesta, hecha para Cuba y sobre Cuba”, centrada en asuntos muy concretos, muy nuestros, pero también universales: los conflictos familiares ligados a la migración, el cuidado de los adultos mayores, la pobreza, la separación, la violencia de género. No es poca cosa. Y tampoco parece una producción hecha para mirar desde lejos, sino para meterse en la sala y sentir que esas vidas podrían estar ocurriendo al doblar de la esquina, en el apartamento de al lado, en la casa de una tía, en la memoria de cualquiera.

De acuerdo con Prensa Latina, Estrés arma un mosaico de historias entrelazadas. Está Dimitri, interpretado por Luis Alberto García, volcado en el cuidado de sus padres ancianos, encarnados por Verónica Lynn y Mario Limonta, sobre todo de su madre, que vive con demencia senil. Está también Lucía, personaje de Iyaima Martínez, una cantante que vende reliquias familiares para sostener a su hijo y a su madre enferma de cáncer. Aparece Esther, una oncóloga infantil interpretada por María Isabel Díaz, atravesada por los dilemas de muchas mujeres profesionales. Y está Ernesto, a quien da vida Héctor Noas, un entrenador de boxeo obligado a mirar de frente las consecuencias de sus prejuicios machistas. En medio de todo eso asoma Carlitos, interpretado por Enrique Pérez Viciedo, ese “loco” que reparte versos y poemas por el Paseo del Prado y que, por lo que se ha contado, le da a la película una luz distinta.

El reparto, además, impresiona. Ahí están Aramís Delgado, Isabel Santos, Clarita García, Patricio Wood y hasta el cantautor Elain Morales, en una cinta de dos horas que, según PL, explora “dramas y situaciones límites de la vida cotidiana” y se convierte en “un canto al amor y a la esperanza que salva”.

El crítico Eduardo del Llano, en La Joven Cuba, la comparó con cierto cine asiático por su tono intimista, ese que hace sentir al espectador como un voyeur asomado a la vida privada de gente común. La imagen es buena, porque da la medida de lo que parece buscar Solaya: no grandes discursos, sino pequeñas explosiones humanas. Cosas que duelen bajito. Cosas que pasan. Cosas que, por fin, este viernes saldrán de la pausa y se encontrarán con el público.

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