Cubano despedido de sistema de MLB encuentra nuevo equipo para relanzar su carrera (aquí detalles)

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Jairo Pomares. Foto: @giantsprospects/ Twitter.

El pelotero cubano Jairo Pomares ya tiene nuevo destino para seguir empujando su carrera. El jardinero espirituano acaba de firmar con los Lincoln Saltdogs para la temporada 2026, un club que compite en la American Association, considerada una de las ligas independientes más importantes de Norteamérica. La noticia fue anunciada hace dos días por la propia organización.

En su comunicado oficial, el equipo informó las firmas de Foster Pace y Jairo Pomares para la próxima campaña. Sobre el cubano, los Saltdogs recordaron que se trata de un outfielder de esquina, de 6 pies de estatura y 185 libras, nacido en Cuba y con 25 años. También señalaron que pasó las dos últimas temporadas con los Richmond Flying Squirrels, sucursal Doble-A de los Gigantes de San Francisco. Allí, en 2025, conectó nueve jonrones y empujó 34 carreras en 76 juegos. Fue despedido en julio.

La nota del club también repasó parte de su recorrido dentro de la organización de San Francisco. Pomares debutó en el béisbol profesional con los Salem-Keizer Volcanoes cuando tenía apenas 18 años. Su campaña más productiva fue la de 2021 con los San Jose Giants en la Low-A West League, cuando bateó para .372, con 14 cuadrangulares y 44 impulsadas en 51 partidos. Esos números ayudan a entender por qué, incluso después de algunos tropiezos, sigue siendo un jugador que despierta interés.

El contexto de este movimiento también dice bastante. El sitio Around the Foghorn explicó recientemente que el béisbol independiente se ha convertido en una alternativa cada vez más popular para muchos peloteros que salen de organizaciones afiliadas. Una de las razones tiene que ver con el nuevo Convenio Colectivo, que limita a 165 jugadores los rosters domésticos durante la temporada y a 175 en la offseason. Eso obliga a varios equipos a soltar jugadores para ajustarse al límite y, de paso, reduce el espacio disponible para firmar agentes libres de ligas menores como antes.

En ese escenario entra Pomares. El propio portal recordó que el cubano firmó con los Gigantes durante el período internacional 2018-2019 y recibió un bono de 975 mil dólares. No fue una apuesta pequeña. Y, de hecho, tuvo momentos muy buenos dentro del sistema. En seis temporadas de ligas menores dejó una línea ofensiva (AVE/OBP/SLG) de .273/.327/.472, con una tasa de boletos de 6.4 %, ponches del 26.8 % y un ISO de .199.

Sin embargo, no todo fue en subida. El mismo medio apuntó que pasó las dos campañas más recientes en Doble-A, donde dejó un OPS de .670 en 630 apariciones al plato con Richmond. En 2025, la cosa se complicó más: bajó a .620 de OPS y terminó siendo dejado en libertad durante el verano. Son de esas curvas que tiene el béisbol, un deporte donde a veces un año te abre puertas y al siguiente te obliga a empezar casi de cero.

Pero si algo ha mostrado Pomares desde muchacho es que vive para esto. En una entrevista concedida hace algunos años a Cubalite, el jugador nacido en Trinidad, Sancti Spíritus, el 4 de agosto de 2000, contaba que prácticamente creció entre pelotas, chapitas y juegos “a la manito” con su hermano, su primo y los amigos del barrio. Incluso recordó que fueron unos profesores quienes lo captaron en primer grado, cuando lo vieron jugando en la escuela. Ahí, dijo, comenzó su relación “oficial” con la pelota, en el beisbolito de Trinidad.

En aquella conversación también habló del peso enorme de su familia. Contó que su padre salía de trabajar en un hotel, lo recogía y juntos iban al entrenamiento. Recordó además los viajes interprovinciales de sus padres para verlo jugar en distintos lugares de Cuba y el esfuerzo que hicieron para conseguirle implementos. “Yo no sería ni la mitad del pelotero que soy si no fuera por ellos”, dijo entonces.

Más adelante, mientras cursaba onceno grado en la EIDE Lino Salabarría Pupo, decidió salir de Cuba junto a su padre. Pasaron por Guyana, Panamá y Curazao, hasta establecerse en República Dominicana. Allí logró abrirse paso hasta firmar con San Francisco en julio de 2018, algo que, según confesó a Cubalite, significó “una alegría tremenda”. Ahora le toca otra parada en el camino: Lincoln. Y allí, en una liga dura, con menos focos pero todavía mucho béisbol, intentará volver a empujar la puerta.

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