
En los años 80, Roger Dooley, oriundo de Nueva Jersey, vivía exiliado junto a su familia en Cuba, la tierra de sus ancestros. Allí empezó a trabajar para Carisub, empresa creada por el gobierno cubano, entonces liderado por Fidel Castro, con el fin de encontrar los tesoros pertenecientes a barcos españoles desaparecidos en los alrededores de la Isla.
A las órdenes de dicha entidad, este hombre que era conocido aquí como Roger Montañés Caballero (apellidos de su padrastro y madre, por ese orden), se fue a Sevilla, España, para buscar rastros de posibles tesoros en el Archivo General de Indias. Corría el año 1984 cuando, por pura casualidad, halló un paquete de cartas repleto de pistas que apuntaban al galeón español San José, el cual fue enviado de vuelta a Europa en el siglo 1708, cargado de tesoros americanos.
Sin embargo, el barco tripulado por 600 almas jamás llegó a su destino, pues resultó hundido por navíos británicos durante una batalla náutica cerca de la costa de Cartagena de Indias, Colombia.
Según los cálculos básicos, las cantidades de oro y plata que llevaba, estaban valoradas en miles de millones de dólares en el presente, razón por la cual había sido etiquetado por los expertos como el Santo Grial de los naufragios y algunos expertos aseguran que es, hasta la fecha, el mayor tesoro sumergido de la historia.
El “enamoramiento” de Dooley con el fabuloso botín cambió sus planes para siempre. A partir de aquel descubrimiento, dedicó buena parte de su tiempo a encontrar el enorme tesoro que desde inicios del siglo XVIII yacía olvidado en algún punto desconocido del Mar Caribe.
Formado como arqueólogo y con una gran pasión por el submarinismo, el bueno de Roger tenía pocos argumentos para creer objetivamente en el éxito de su quimera. Lo que ni los cazadores de tesoros, ni los millonarios entusiastas de la historia tuvieron en cuenta, fue que este hombre se “desinstaló” por completo la idea de darse por vencido.
Basado en la increíble historia de búsqueda que duró más de tres décadas, Julian Sancton publicó hace poco el libro The Billion-Dollar Shipwreck and the Ghosts of the Spanish Empire. En este volumen, el autor entrelaza las tramas del galeón San José y la investigación de Dooley y su equipo para encontrar el naufragio antes que sus poderosos competidores.
Buscatesoros y cineasta
Igual que en el libro de Sancton, la vida adulta de Dooley consistió en dos argumentos en paralelo. Por una parte, estuvo su obsesión con el tesoro marítimo, mientras que también le dedicó mucho esfuerzo a su carrera como realizador, sueño que había surgido durante sus visitas juveniles a los cines de Times Square.
El interés por el mundo subacuático tuvo otros orígenes, vinculados con Cuba, país al que se mudó temporalmente con su madre y su padrastro en 1957, cuando este último fue contratado como gerente del hotel Havana Hilton, hoy conocido como Habana Libre.
Durante esa etapa en la Mayor de las Antillas, el joven Roger se volvió fan de la serie de acción y aventuras Sea Hunt, donde Lloyd Bridges interpretaba a un ex marine que enfrentaba a diferentes villanos, además de rescatar personas y objetos del océano.
No fue hasta la década del 70 que Dooley consiguió unir sus dos aficiones, luego de que conociera al experimentado director de fotografía y aficionado al buceo, Al Giddings, en cuyo currículum se cuentan filmes como The Deep (1977), For Your Eyes Only (1981), The Abyss (1989) y Titanic (1997).
La dupla Dooley-Giddings se fue nutriendo mutuamente de sus intereses y en los 80 llegaron a Cuba para dirigir un documental sobre los arrecifes del archipiélago. El resultado fue Island of the Blue Treasure, cinta que obtendría el primer premio en el Festival Internacional de Cine Subacuático de San Sebastián (CIMASUB).
Con formación en Oceanografía Física en la Academia de Ciencias de Cuba, más adelante completó la carrera de Arqueología y se graduó e hizo máster en 1975. Luego de que se “cayera” su trabajo al frente de una compañía de vuelos chárter entre Cuba y Estados Unidos, a comienzos de los 80 se asoció con Carisub. Ahí encontró su única vía para desarrollar su carrera como buscador de tesoros ocultos en el mar.
“Es cierto que la empresa Carisub [del Gobierno cubano] se dedicaba a saquear. Se creó para buscar divisas en el fondo del mar. Me llamaron para que fuera su director científico. Habían encontrado anclas y cañones y no sabían de dónde procedían. Fui el subdirector entre 1982 y 1986”, confesó en una reciente entrevista para El País.
Si bien nunca olvidó al San José, el cubanoamericano, aún establecido en la nación caribeña, siguió su carrera en al cine y por ahí consiguió ejercer como coordinador de fotografía subacuática en El verano de la señora Forbes (1988), telefilm perteneciente a la serie española Amores difíciles, escrita por el Premio Nobel colombiano, Gabriel García Márquez.
En lo adelante, todos sus proyectos fueron fracasando hasta que en 1997 logró salir de la Isla. Su carrera en el cine entraba en stand-by, pero a la vez reiniciaba su misión de la búsqueda del San José.
Por el camino, fue encontrando una pista tras otra y ya para la década del 2010 tenía bastante claro dónde podían estar el navío y su preciosa carga. Luego de conseguir el apoyo económico de un fondo de cobertura británico y la tecnología robótica del Instituto Oceanográfico Woods Hole, en 2015 Dooley gritó “eureka” y se encargó de que el descubrimiento del San José quedara grabado en video.
Lo curioso de la historia fue que, en el momento del hallazgo, su nombre fuera omitido por las autoridades colombianas. Solo un año más tarde, y ya de salida, el presidente Juan Manuel Santos le dio el crédito públicamente.
Más de una década ha pasado desde que las monedas de oro y plata del San José fueran encontradas. Sin embargo, las irregularidades en el proceso de reclamación han llevado a que exista una lucha de poderes entre la administración del país sudamericano, la compañía de salvataje Sea Search Armada —que sostiene haber entregado las coordenadas exactas del San José en 1982—, los patrocinadores europeos, los descendientes de tribus bolivianas y otras partes que se dicen merecedoras de tales riquezas. Como consecuencia del litigio, el tesoro yace todavía en el lecho marino, a una profundidad aproximada de 600 metros.
Dooley, de 75 años, se mantiene trabajando como consultor para la empresa Maritime Archeology Consultans (MAC), radicada en Suiza, la cual firmó un contrato con el gobierno de Santos. Luego, la administración de Iván Duque, se debatió entre mantener ese vínculo o romperlo, por lo cual deberían indemnizar a los emprendedores.
Hasta que esto se resuelva, la saga del San José seguirá rodando. Mientras, Roger Dooley no pierde las esperanzas y, más allá de ello, se atreve a seguir soñando con un largometraje acerca de un submarino nazi en las costas de Cuba.
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