
A veces una historia grande empieza en un sitio pequeño. O, mejor dicho, en un sitio que parece pequeño cuando uno lo mira desde Hollywood, los Grammy o los Oscar. Pero para quien viene de ahí, ese lugar lo es todo. En el caso de Victor Campbell, ese punto de partida fue Esmeralda, Camagüey, Cuba. Y desde allí, con piano, estudio, terquedad y mucha música encima, terminó formando parte de Sinners, la película que arrasó con 16 nominaciones al Oscar y se llevó cuatro estatuillas.
La noticia tiene algo bonito, porque no se trata solo de “un cubano estuvo cerca de los premios”, sino de una participación real dentro de una obra enorme. En un video publicado por Telemundo 42, el músico camagüeyano contó que grabó dos o tres canciones para la banda sonora del filme. Entre ellas, mencionó I Lied to You, tema que, según dijo, estuvo nominado en los Grammy y en los Oscar. “Tuve la dicha y el placer de grabar I Lied to You”, comentó. No lo dijo con pose de estrella ni nada por el estilo, sino con esa mezcla de orgullo y asombro que deja algo así.
En esa misma entrevista, Campbell dejó pistas sobre su manera de entender el arte. Dijo que ve la música como un todo y que nunca le gusta quedarse en la zona de confort. Se definió como una persona diversa y abierta, y eso, la verdad, encaja bastante con el tipo de recorrido que ha tenido. Porque no parece alguien que haya querido encerrarse en una sola etiqueta o en un único sonido. Más bien da la impresión de ser de esos músicos que escuchan, absorben, prueban, se mezclan… y siguen.
Según una nota de Cubanet, Campbell aparece acreditado como pianista en la banda sonora de Sinners, compuesta por el sueco Ludwig Göransson, ganador de tres premios Oscar. Además, el propio músico aseguró que también participó en escenas de la película, algo que hace todavía más especial su vínculo con el largometraje. No fue solo tocar para una grabación y ya. También estuvo ahí, dentro del universo visual de una cinta que él mismo describió como “una de las mejores películas de todos los tiempos”.
Y no es una frase lanzada al aire. Sinners consiguió un récord de 16 nominaciones a los Premios Oscar y terminó ganando cuatro: Mejor actor protagonista, Mejor guion original, Mejor fotografía y Mejor banda sonora original, recordó Cubanet. O sea, estamos hablando de una producción enorme, de esas que dejan conversación durante meses y que después siguen apareciendo en listas, debates y recuerdos.
En su perfil de Instagram, donde reaccionó a todo lo vivido, Campbell escribió un mensaje que suena casi como quien se queda un momento quieto, mira hacia atrás y no termina de creérselo: “Estoy muy agradecido con Dios… Piensa en esto: de Esmeralda, Camagüey, Cuba, hasta los Oscar, jajaja”. Después añadió que tuvieron que pasar muchísimas cosas para que eso fuera posible y agradeció especialmente a Nueva Orleans, a su gente y a su música. También dio las gracias a Raphael Saadiq, a Ludwig Göransson y a Serena Göransson por permitirle aportar “su pequeño granito de sal” a una película que describió como un océano.
Ese fragmento dice mucho. Porque hay artistas que, cuando llegan a un momento grande, hablan desde la grandilocuencia. Campbell, en cambio, lo cuenta desde la gratitud. Agradece a la ciudad que lo acogió, a su familia, a quienes lo ayudaron desde el principio. En ese mismo texto recordó el sacrificio de su madre, su padre y su hermana, y mencionó también a varias personas que lo han apoyado en el camino. Incluso escribió algo muy suyo, muy de quien todavía siente hambre de más: “Esto acaba de empezar”.
La relación de Campbell con Nueva Orleans no es casual. De acuerdo con Cubanet, comenzó a tocar piano a los cinco años en Cuba y estudió formalmente en instituciones como la Escuela Nacional de Arte. Su conexión con esa ciudad estadounidense se fortaleció tras una visita en 2012, cuando participó en el Louis Armstrong Summer Jazz Camp. En 2019 terminaría estableciéndose allí de forma definitiva.
Y la verdad, hay algo muy lógico en esa unión. Nueva Orleans es una ciudad donde la música no parece adorno, sino respiración. Está en la calle, en los metales, en los bares, en la memoria. Para un músico cubano, formado desde niño y además abierto a distintos lenguajes, ese lugar debió sentirse como una especie de corriente viva. De esas que te arrastran, sí, pero también te enseñan a flotar.
Ahora su nombre queda ligado a una película gigante, a una banda sonora premiada y a una escena que, vista desde Cuba, tiene un peso especial. Porque no todos los días un músico nacido en Camagüey puede decir, casi entre risa y asombro, que fue de Esmeralda a los Oscar. Y lo mejor de todo es que él mismo parece estar mirándolo no como una cima, sino como una puerta que apenas se acaba de abrir.
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