«Last Samurai Standing», una serie que encantará a los fans de «El juego del calamar»

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Desde que en 1999 saliera al mercado la novela Battle Royale, de Koushun Takami, y su posterior adaptación cinematográfica, dirigida por Kinji Fukasaku en el 2000, las historias donde un grupo de sujetos debe competir entre sí por la supervivencia se han convertido cada vez más en una suerte de tema recurrente en el audiovisual internacional.

Cierto es que en los 80 tuvimos una precursora como The Running Man (1987), pero fue la obra de Fukasaku la que colocó al género en otro nivel. Por ahí vendrían luego animes/mangas nipones como Gantz y Alice in Borderlands, y también llegarían esas tramas a Occidente, donde sirvieron como gran influencia a Suzane Collins para su saga literaria Los juegos del hambre (The Hunger Games).

Sin dudas el ejemplo más fresco que tenemos es la serie El juego del calamar (Squid Game), convertida en un fenómeno global a través de Netflix, plataforma que en noviembre último lanzó otra propuesta similar, ahora ubicada en el Japón del siglo XIX.

Last Samurai Standing es una serie de acción real (o live action, si le gusta más) que llegó al gigante del streaming el pasado 13 de noviembre. Basada en la novela Ikusagami (2022), de Shogo Imamura, el show nos presenta peleas sangrientas y enrevesadas intrigas durante la etapa histórica conocida como la Restauración Meiji.

Con guion de Kento Yamaguchi y Michihito Fujii, este relato de ficción histórica comienza durante la conclusión de la Guerra Boshin (1869), suceso que marcó el final del período Edo en la nación del sol naciente. Tras el armisticio, los samuráis perdieron su propósito y una década después muchos de ellos vivían como apestados sociales.

En ese contexto conocemos a Shujiro Saga  (Junichi Okada), un ex soldado convertido en padre de familia, quien acababa de perder a su hijo pequeño como consecuencia de la epidemia de cólera que asolaba a las poblaciones rurales del país.

Desesperado por ganar dinero y así mantener a flote al resto de su familia, este hombre partió al templo Tenryū-ji de Kioto, en donde ha sido convocado junto a otros samuráis con el objetivo de participar en una competición que premiará al ganador con 100 mil yenes.

Pero lo que en el papel luce como un chance justo de ganarse la vida, resulta ser una encerrona para convertir a los casi 300 competidores en víctimas o victimarios. En este viaje mortal, cada peleador debe quitarles a sus rivales la placa de madera que porta, pues, sin la suficiente cantidad de estas piezas, no podrán avanzar en el juego y serán asesinados por los organizadores.

En su recorrido, que termina en Tokio dentro de un mes como máximo, Shujiro se junta con la joven Futaba Katsuki (Yumia Fujisaki), a quien protegerá como una hija. Más adelante se sumarán otros miembros a su grupo, pero de eso se enterará usted cuando vea los seis episodios que componen la temporada.

El elenco lo integran además Kaya Kiyohara, Masahiro Higashide, Gaku Hamada, Hideaki Ito, Hiroshi Abe, Yasushi Fuchikami y Kawaji Toshiyoshi, entre otros, los cuales contribuyen a mantener el realismo y la tensión de la serie con ese histrionismo que caracteriza a los actores japoneses.

El audiovisual tiene uno de sus pilares en las excelentes secuencias de acción coreografiadas por el propio Junichi Okada, en un desdoblamiento digno del mismísimo Jackie Chan. Además, el uso de planos atrevidos y el dinamismo de la cámara hace que los combates exuden una vitalidad particular.

Para quienes hayan visto series como la animada Basilisk (2005), encontrarán muy interesante la manera en que se presentan los duelos. Las capacidades de cada personaje y su historia de fondo se mezclan de manera orgánica. Cada pelea, ya sea con espadas, arcos y flechas u otro tipo de arma, tiene su propia identidad e historia detrás, tal y como estamos acostumbrados a ver en el anime o el manga.

En paralelo a los momentos de mayor movimiento, tenemos las intrigas que suceden, orquestadas por unos villanos de traje y corbata que contrastan con el aspecto ensangrentado y polvoriento de los combatientes. Aquí es donde los escritores deslizan el comentario sociohistórico, mientras aprovechan para jugar con la trama y fragmentar la información de forma tal que cada revelación impacte con más fuerza en la audiencia.

Los consumidores regulares de producciones asiáticas notarán muchos puntos en común, a nivel estético y narrativo con formatos como el anime (donghua en China) y mangas (manwhas en Corea del Sur). El suspense, la vocalización de los personajes y esa espectacularidad y dramatismo que se busca en cada escena, están presentes aquí y hacen que nos mantengamos vinculados al relato todo el tiempo.

Last Samurai Standing no aporta nada nuevo al battle royale, aunque sí pone en valor todos sus atractivos para ofrecernos un producto entretenido y argumentalmente sólido. Con una segunda temporada que debe llegar en el segundo semestre de 2026, todavía tardaremos un poco en conocer el desenlace de esta historia de honor y lucha que refleja una de las etapas más importantes de la historia japonesa.

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