
En 1944, el joven Marino Barreto Rubio Jr. huyó de la casa familiar en España con la idea de sumarse a la Legión Extranjera, unidad de élite del ejército en esa nación ibérica. A sus 19 años, esa fue la manera que encontró para escapar de su familia, que pretendía forzarlo a matricular la carrera de Odontología.
Sin saberlo, aquella decisión tan arriesgada sería el inicio de un largo camino que lo llevaría a convertirse en uno de los cantantes más populares de Italia entre los 50 y principios de los 60 del siglo pasado.
Para entender el atrevimiento de Marino, hay que ir atrás, a la década del 30, cuando, siendo él muy pequeño, su padre, José Marino Barreto López, alias El Bombín, juntó a los suyos para irse a España en busca de un ambiente menos “agitado” para criar a sus hijos.
Sin embargo, el plan de aquel reconocido médico y partidario del presidente Mario García Menocal, se fue a bolina cuando los golpistas encabezados por Francisco Franco desbancaron al gobierno republicano y dieron inicio a la Guerra Civil.
Aterrados por el conflicto, los Barreto regresaron a la Mayor de las Antillas, donde ni siquiera el prestigio del padre pudo ayudarlos a levantar cabeza. En el 40, un año después de que terminara la guerra en suelo español, regresaron a Europa.
Por segunda vez en territorio ibérico, el bisoño Marino fue a un Colegio escolapio y recibió una educación muy completa, aunque nunca dejó de dar problemas por su carácter rebelde. No obstante, él sabía que estudiar no era lo suyo. Esta idea fija sería su principal motivación para cambiar su futuro en la universidad por otro en el mundo militar, en el cual halló una forma de encaminarse.
De vuelta al 44, ya lejos de su hogar, resultó herido en combate en Argelia y en su etapa de convalecencia se unió a la banda musical de la Legión. Tras salir de la armada, entró al Conservatorio de Tetuán y se graduó como contrabajista.
Cuatro años después, ya convertido en profesional, el Júnior regresó a Madrid, en donde inició su carrera con la Orquesta de Roque Carabajo. Para el año siguiente, la pura casualidad quiso que su vida sobre los escenarios cambiara para siempre, para mejor.
Hasta la bella urbe de Viareggio viajó dicha agrupación para presentarse. Sin embargo, antes del primer concierto, el vocalista titular tuvo una indisposición y fue Marino quien salió a salvar el día. Su desempeño como cantante sustituto encantó a los presentes y desde entonces el contrabajo quedó en segundo plano para este joven nacido en Jovellanos, Matanzas, el 8 de diciembre de 1925.
Más adelante, el cantante en ciernes decidió establecerse en la tierra de Vivaldi y Salieri, y se unió a la agrupación dirigida por Gigi Stok.
Ya en calidad de solista, Barreto Jr. se colocó entre las figuras pioneras del llamado estilo confidenziale. Entre los hits que “pegó” en tierra itálica se cuentan La più bella del mondo, que vendió más de 100 mil copias; Angeli negri, versión del tema de su compatriota Antonio Machín; Arrivederci, #1 de las listas durante 11 semanas y Disco de Oro; Per un bacio d’amor, Un’anima tra le mani, Cinque minuti ancora, Consuelo, Telefonami y Non lasciarmi.
En su faceta de cantautor, logró el éxito con temas como Hasta la vista señora, que vendió 200 mil copias y fue traducida a ocho idiomas; y Visino de angelo, escrita para su hija Altagracia, y para el cual se realizó en 1958 uno de los primeros vídeos musicales en la historia de la música italiana.
Con la irrupción del Merseybeat británico, la vida artística de Marino entró en declive. No obstante, siguió trabajando regularmente en diferentes clubes y grabando placas con la empresa Phillips. Su discografía incluye una docena de álbumes y más de 40 EPs y sencillos.
Además de su rol como cantante, este matancero acumuló varios créditos en el séptimo arte. Apareció como él mismo en los filmes 3 straniere a Roma (1958), Camping (1958) y Gatto Filippo – Licenza di incidere (1966), y también cantó un tema para la banda sonora de I Dolce Inganni (1960).
Curiosamente, tuvo otro hermano, quien también hizo carrera como vocalista, pero en el Reino Unido.
Fuera de los reflectores, Barreto Jr. tuvo una vida fructífera y crio a dos hijos: Altagracia, fruto de su primer matrimonio con Rosella Tatoli; y David, nacido de su relación con Linda Huri Blumenfeld, su última pareja.
Murió el 10 de diciembre de 1971, con solo 46 años, como consecuencia de la cirrosis hepática. Sus restos descansan en la celda 1624, dentro de la sección 211 del Cimitero Maggiore de Milán.
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