F(r)icciones: Jimi Hendrix, 27, Seattle

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En el Festival Pop de Monterrey, 1967, Jimi Hendrix le hizo un cunnilingus a su guitarra.

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Un año antes, un bar en un callejón de New York…

Hendrix enseñaba al público cómo tocar una Fender a la zurda y con las cuerdas a la inversa. Entre los presentes estaba Chas Chandler, bajista de The Animals, y por esos días, aprendiz de agente y productor.

Chandler fumaba con una mano, tomaba un batido de plátano con la otra.

Entonces Hendrix improvisó un solo sin mirar ni una vez la guitarra, y de seguido, poco esfuerzo, optimizó Sgt. Pepper`s, de The Beatles

Allí, Hendrix, su espectáculo: una luna soleada el emblema de su pañuelo alrededor de la cabeza; debajo y sobre el ojo del chakra, una fundilla de ácido lisérgico. Y subía la guitarra como ofrenda a un dios pagano, la deslizaba por su espalda, entre las piernas; tocaba alabanzas, protestas…

Chandler masticó el cigarro, fumó el batido. Luego de que Hendrix detonara una secuencia ininterrumpida de riffs por más de un minuto, se atragantó con el licuado de plátano, y lo expulsó por la nariz.

—Viste, viste, te lo dije, Chas, te lo dije…

Gritaba, saltaba en punta de pies la fumada Linda Keith, novia del rolling Keith Richards.

Mientras, Chandler, con un pañuelo con la imagen de la bandera británica extraía de sus fosas nasales los restos de banana.

Fue 1966, año común, y agosto. Algunos días antes del último concierto de The Beatles.

***

En Londres, Jimi Hendrix invitó al Dios británico de la guitarra, Eric Clapton, a tocar su propia canción, Killing Floor, mejor que él. La petición no fue verbal. Para lograr la negativa de Clapton, a Hendrix le bastó con sobrevolar las cuerdas de la Fender Stratocaster a una velocidad de dos notas por segundo.

Y hubo silencio.

Dos meses después, el negro Hendrix se presentó en el teatro londinense Astoria, capacidades agotadas. Luego de romper un amplificador, luego de tocar con las tetillas, los dientes, y le sangrara la lengua después un pizzicato en la cuerda mi, Hendrix incendió su guitarra y la abrazó, la sostuvo encendida entre las piernas; le hizo el amor al cuerpo ardiente de su electric lady.

Al finalizar el concierto fue llevado a emergencias. Entre los muslos tenía quemaduras de segundo grado.

***

Tres discos después, a cuatro años de fama, Jimi Hendrix descansaba el 18 de septiembre de 1970 en su habitación del hotel Samarkand, en Londres.

Había salido hasta tarde en la noche; se había quedado descansando.

Murió por una ingesta excesiva de vino combinado con nueve pastillas de Vesperax; se ahogó en su propio vómito por la negligencia de un camillero que no lo dejó voltearse para vomitar; su agente lo mató para cobrar dos millones del seguro de vida del guitarrista.

En una de sus últimas fotografías, Hendrix posa vestido con un traje y sostiene una tetera; comparte un té con su Stratocaster. En el fondo hay plantas, una flor amarilla le asoma sobre un hombro.

Parece en paz, tan pronto.

Una de las imágenes del día en que Jimi tomó el té con su guitarra. Foto tomada de Taringa.

***

Hendrix, a un océano y 27 años de Seattle, con el cuerpo adobado por dos cubas de vino, y en la mente el sonido del ukelele con una sola cuerda que su padre encontró entre la basura, y que le regaló por navidad, a los nueve años.

Un laciado, algunas novias blancas, el busto suyo en la High School de donde lo expulsaron; la fórmula para hacer gelatina con cartílagos de guitarras; su hambre de tiempo…

Todo eso, y una leyenda, fue lo que dejó Hendrix.

Y sobre la mesa un trozo de sándwich de atún, su última cena en este mundo.

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