El 26 de abril de 1966, la música popular cubana recibió un duro golpe. La noticia del fallecimiento del cantante y compositor Roberto Faz, sacudió a un pueblo que llevaba décadas escuchándolo y disfrutando de su enorme talento.
Roberto había nacido el 18 de septiembre de 1914 en la localidad capitalina de Regla y, por aquellos días, se encontraba actuando en los carnavales de Guanabo, en el extremo este de la capital.
Durante una de sus actuaciones, el martes 26 de abril, el artista sufrió un accidente cerebrovascular y, aunque fue trasladado con toda celeridad hacia el Hospital Clínico Quirúrgico de 10 de Octubre, más conocido como Quinta Dependiente, falleció ese mismo día, cuando solo contaba 51 años.
El velatorio fue multitudinario e igualmente el acompañamiento a su cuerpo hacia el cementerio de Regla, evento que fue marcado por un aguacero de proporciones bíblicas.
Poco después de su deceso, surgieron teorías que especulaban sobre un supuesto error en el diagnóstico mortal de Faz. Algunos “expertos” aseguraron que el cantante había sufrido un severo cuadro de catalepsia, una condición en que la respiración y el pulso bajan tanto su ritmo que se asemejan a la muerte.
Para añadirle matices a la macabra historia, hubo quien empezó a esparcir el rumor —y muchos que lo creyeron— de que el artista había sido enterrado vivo. De ahí surgió una leyenda urbana que aseguraba que, luego de su exhumación, el cuerpo de Roberto había sido hallado boca abajo y que su féretro mostraba marcas de arañazos hechos con sus uñas en la madera.
Testimonios de algunos colegas artistas aseguraron que, durante el velorio, el cuerpo de Faz sangró, y que debieron usar formol y algodón para detener este fenómeno. También se hicieron eco de esta historia varios reporteros e investigadores de dudosa ética.
La versión que descartaba todas las hipótesis extrañas quedó reflejada en el texto de Gaspar Marrero, titulado Roberto Faz, sonero de Cuba. El volumen contiene el testimonio del médico Manuel Paniagua Estévez, quien certificó la defunción del músico como consecuencia de un derrame cerebral, y eliminó cualquier hipótesis de catalepsia.
Por otra parte, existe una variante que asegura que el movimiento del cuerpo, si es que fue real, pudo estar relacionado con otro fenómeno natural. El tema es que tanto el día del entierro, como antes y después, se reportaron lluvias muy intensas en La Habana. De ahí se desprende la posibilidad de que el agua haya inundado la bóveda y provocado un cambio en la postura final de Faz.
La realidad absoluta sobre este caso es difícil de conocer a estas alturas y todavía hay quien, 60 años después, sigue contando esa historia como si fuera real y especulando al respecto.
Una estrella que partió demasiado pronto
Roberto Faz fue un célebre artista de los géneros populares, quien comenzó en la escena desde muy joven, en la década del 30 del siglo XX.
Entre las orquestas con las que tocó en sus primeros años, se cuentan Champán Sport, septeto Ultramar —que dirigía su papá—, Habana, Cosmopolita, Kubavana, Los Hermanos Palau y el conjunto de Osvaldo Estivil. Además, se convirtió en artista exclusivo de CMQ en 1939.
En aquellos primeros años, Roberto también trabajó como dependiente, cantinero y chofer de guaguas. Después de acumular bastante experiencia llrgó su gran oportunidad con el Conjunto Casino, en 1944. Con este grupo grabó varios vinilos y actuó en Latinoamérica y Estados Unidos.
Más de una década después de ganarse al público de todos los rincones del país, en 1956 fundó su propio conjunto.
Uno de los momentos más recordados de su carrera sucedió en el ’57, cuando compartió escena con el mismísimo Benny Moré en su casa habitual del Alí Bar.
Entre los temas más famosos que grabó se cuentan El pregón de la montaña, El retozón, Suena tu bongó, Oiga compadre, Te traigo mi son, Quiéreme y verás, Realidad y fantasía, A romper el coco, Que se corra la bola, Deuda, Comprensión, Como vivo en Luyanó, Cositas que tiene mi Cuba y los Dengues de la Caña, …del Pollo y …en Fa.
Uno de sus sencillos más “pegados” fue Píntate los labios, María, sonadísimo en su momento y posteriormente versionado por Eliades Ochoa para su disco Sublime ilusión (1999), cuyo videoclip, dirigido por Juan Padrón, fue galardonado con cuatro Premios Lucas en 2000.
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