
Una niña sale de Cuba, crece en Viena, Austria, se forma como actriz… y termina trabajando en el corazón del thriller europeo, actuando en alemán, con una naturalidad que hace que la gente diga: “¿pero ella no es de aquí?”.
Pues bien: esa historia existe y tiene nombre y apellidos. Gabriela García Vargas, nacida en Guantánamo el 27 de marzo de 1992, es hoy una actriz austríaca de origen cubano que ha logrado algo que no se ve todos los días: abrirse paso en la industria audiovisual de su país de acogida, y hacerlo en un idioma que no es el suyo de cuna.
Gabriela nació en Cuba como hija de Mercedes Miriam Vargas Iribar y emigró siendo niña junto a su madre a Austria. En una entrevista, ella misma lo cuenta con una precisión que te deja la imagen puesta: llegó con seis años de La Habana a Viena.
Y sí, uno puede decir “se mudó” como si fuera cualquier cosa… pero imagínate ese salto. Cambiar el calor por el frío, el mar por calles imperiales, los sonidos de la isla por otro ritmo, otra cadencia. Y aun así, con el tiempo, convertir ese lugar nuevo en vida.
Después de terminar la escuela, la antillana decidió apostar por lo suyo en serio. Entre 2014 y 2017 estudió actuación en la Filmakademie Wien (la Academia de Cine de Viena) y cerró esa etapa con la Bühnenreifeprüfung, un examen profesional que certifica la preparación para el escenario.
Los primeros pasos: papeles pequeños, pero con dirección clara
Como pasa con casi todo en esta carrera, el inicio fue paso a paso. Al comienzo participó en roles secundarios. No eran necesariamente proyectos pensados para convertirte en “estrella”, pero sí te ponen en el mapa, te dan rodaje, te enseñan cómo se mueve un set de verdad.
Entre medias, su filmografía fue creciendo con títulos como Zehn Zwanzig (2016) y Wannabe (2017). Y poco a poco, sin hacer demasiado, su nombre empezó a aparecer donde importa: en los créditos.
El giro hacia el crimen: donde encontró su terreno
Hay actores que brillan en comedia. Otros en drama romántico. Y hay quienes, por presencia, por mirada, por energía, encajan perfecto en el género policial.
En el caso de la cubana, su carrera tomó fuerza cuando empezó a moverse en el mundo del crimen televisivo, participando en series alemanas y austríacas como SOKO Köln (2020, un episodio), Der Pass (2022, cinco episodios) y Die Toten vom Bodensee (2024, un episodio).
También aparece en el universo de los “Krimi” (policiacos) con Der Barcelona-Krimi: Totgeschwiegen (2023) y, más recientemente, con Tatort: Der Elektriker (2025), una franquicia que en el mundo germanoparlante pesa muchísimo.
Si hay un punto que marca un “antes y después” en su trayectoria reciente es este: en 2024 formó parte de Der Bozen-Krimi, donde interpretó a la investigadora Mariella Colombo. Fue su primera gran protagonista y eso, para cualquier actor, es como abrir una puerta nueva: ya no eres “la cara que aparece”, sino una pieza central del relato. En pantalla, eso se nota. Y en carrera, también.
Una artista que no cabe en una sola etiqueta: actriz, DJ, mamá
Lo interesante es que ella no se define solo por su trabajo como actriz. En la entrevista citada anteriormente, cuando le dicen que es actriz, DJ, mamá y más, ella responde algo muy de vida real: que casi todo lo que hace le sale “del estómago”, del impulso, y que muchas cosas no las planificó así.
¿La razón por la que puede hacer lo que ama? Lo dice clarito: el apoyo enorme de su familia y sus amigos.
Y cuando le preguntan sobre Cuba, dice que extraña ese lugar que todavía llama hogar “tanto que a veces duele”. Lo que más le falta es su familia (la mayoría sigue allá), y también el calor y el mar.
Música, noches y decisiones difíciles (con una risa al final)
La música es una parte fuerte de su identidad. Cuenta que para ella significa muchísimo, sobre todo porque viene de un país donde la música se escucha “en cada esquina”. Y que empezó a pinchar gracias a su esposo, que antes era DJ; ahora, dice, es más bien ella quien lleva ese rol en la familia… y quién sabe si algún día se lo enseñe a su hija.
¿Y los clubes? Confiesa que la pandemia le enseñó que extrañaba menos la noche de lo que pensaba. Si acaso, un buen set en un lugar lleno (menciona la Pratersauna), pero en general prefiere noches tranquilas con amigos en casa: se conversa, no te pierdes, y los tragos salen más baratos.
Y si tuviera que elegir entre música y actuación… se queda con la actuación. Aunque remata con un chiste que la pinta entera: “y entonces hago el papel de músico, jaja”.
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